De todas las especies animales su anatomía la más frágil. Solitario, desnudo, desprovisto de utensilios o herramientas, sin otra ayuda, apenas la poca brindada por sus extremidades superiores, sobrevivir en condiciones adversas y ambientes agrestes, salvajes, siempre le ha resultado difícil por no decir imposible. Inerme ante esos avatares sólo es alguien o algo ¿una cosa? Arrojado ahí. En sus especiales inicios, su existencia, siempre dependiente, nunca exenta de amenazas, transcurriría pendiente (aun pende) de
la necesidad de perdurar en el péndulo sin hilo de sus carencias. En cuestas, llanuras o sabanas, en aparente inferioridad física, debía enfrentarlas, luchar en aras de suplirlas, ¿el apremio? Su único premio: Mantener intacta su finita continuidad, paradójicamente también a veces aún en contra de individuos de su misma especie. Pandemónium en claroscuro - Destellos Transhumanos del SARS-CoV-2.