Juan Vicente Gómez

 

“...Yo no me opondría a los votos del pueblo y a los intereses de Venezuela

sino me explicara de este modo cuando en mis oídos suena continuamente esta voz:

Venezuela será habitada por hombres libres o el sepulcro funesto de sus actuales moradores.

Venezuela será un pueblo independiente o dejará de existir entre los pueblos de la tierra.”

Manuel Palacio Fajardo

Congreso Constituyente de Venezuela

                                                                                                                             Sesión del 5 de Julio de 1811

 

Si la práctica de comer el ser humano carne de su propia especie, sea por razones rituales, culturales o de supervivencia, es denominada antropofagia, demostradamente común y de milenarios antecedentes entre los miembros de la decadente élite globalista, sociópatas pederastas que amparados en su poder político financiero desde los tiempos de Sumeria intentan dominar y controlar el mundo a su antojo, (The Epstein’s Files  así lo confirman), desde esa misma  semántica podría extenderse el  significado a la geopolítica y entender la dinámica entre espacio y poder global desde la perspectiva de la terrofagia política (ubicación, recursos, fronteras), cuya influencia en las relaciones internacionales de cualquier Estado (forma de organización política, dotada de poder soberano independiente que integra la población de un territorio), mediada por el  análisis de factores históricos, económicos y sociales a fin de ejercer el poder, proyectar el futuro y gestionar conflictos bajo el enfoque de la interacción de este poder con el territorio, hoy día certifica nuestra existencia en un mundo hobbesiano. Para subsistir en tal orbe, no regido por reglas ni por acuerdos, ciertas naciones, en su condición de potencias terrófagas, al acechar (del lat. Assectāri: seguir, perseguir) y depredar a otras más débiles, saltan a la torera cualquier legislación internacional o no, tratado o convenio basado en esas leyes, y haciendo uso de su fuerza (financiera o militar) las estrangulan e imponiéndoles otros acuerdos, pactados secreta y exógenamente sin el consentimiento de sus connacionales, devoran sus recursos.

Dadas la occidentalización de nuestro mundo y la íntima imbricación existente entre la energía y los modelos civilizatorios resulta evidente la vinculación entre el nivel de desarrollo o “progreso” de una nación, medido en su capacidad defensiva y calidad de vida de su población, con el uso de la energía. También es posible inferir y para nadie debe resultar extraño: detrás de esas acechanzas siempre ha estado encubierto el Capital Transnacional, sin fronteras ni patria en constante metamorfosis y adecuación a las exigencias de cada época. A fin de saciar su voraz e insaciable apetito, cubierta de su afán de predominio en esa jungla, tras la invención de la máquina de vapor y la subsecuente industrialización impuso la agenda de la “modernización”, léase del despojo, con énfasis en aquellos países de abundantes recursos naturales. La aparición del petróleo y su explotación con fines industriales en los Estados Unidos a partir del año 1859 transformaron irreversiblemente la manera de interactuar las naciones, consecuentemente la geopolítica pondría su mayor énfasis en torno a la pugna por la apropiación de las fuentes de hidrocarburos y sus rutas de suministro. Esta terrofagia geopolítica de las grandes potencias permite colocar la definición en su real significado: crear condiciones a fin de garantizar el suministro de petróleo mediante el control de sus reservas y yacimientos estratégicos, amenaza (injerencia) latente contra la soberanía de los países poseedores de grandes depósitos de hidrocarburos en sus territorios, verbigracia Venezuela, país poseedor de la reserva certificada de petróleo más grande del mundo y en una época del siglo XX primer país exportador de este recurso natural no renovable. Esa condición de “país petrolero” indefectiblemente atraviesa su historia moderna; asentados sobre un mar de oro negro los venezolanos de ayer y de hoy hemos vivido en una entropía política incesante causada por la voracidad de las corporaciones petroleras en constante pugna por apropiarse de nuestro principal producto de exportación. Todos los conflictos políticos y militares ocurridos en nuestro país en la era moderna tienen basamento petrolero, de allí que las desventuras y vicisitudes cebadas sobre nuestro país tengan su origen en esta continua disputa; los sangrientos hechos acaecidos el 3E 2026 y los ocurridos en días subsiguientes no serán la excepción. Independientemente de la esquina ideológica donde se ubiquen quienes intenten arrojar luz sobre el tema, su tratamiento abarca desde las corrientes clásicas ligadas a la expansión estatal hasta la crítica moderna centrada en el análisis del poder en el discurso y utilización de las redes sociales globales. 

Cuando muchos de los connacionales residentes en Caracas todavía se encontraban bajo los efectos del shock inducido en ellos tras llevar los Estados Unidos de Norteamérica su añeja injerencia en la política venezolana a una expresión maximalista: la artera intrusión de la fuerza aérea yanqui y el posterior bombardeo al que fue sometida la capital de la nación venezolana, procedimiento utilizado para secuestrar a Nicolás Maduro y su esposa, con el consecuente y oprobioso saldo de infraestructura física, equipamiento comunicacional y militar destruidos, un número de fallecidos y heridos, entre ellos víctimas inocentes, cuyas cifras oficiales aún continúan sin ser emitidas por el organismo encargado de la defensa de la nación en caso de ataques provenientes del entorno hostil, siendo, amén de desconocidas un verdadero misterio para la mayoría de los venezolanos de a pie, fue posible ver cómo en un santiamén (tres horas para mayor exactitud), digno del más rancio camaleonismo, se transformó y cambió el ideario implícito en el discurso político de quienes ejercen el poder político en nuestra nación. No serán tema de nuestra consideración los pormenores de la extracción ejecutada por la Delta Force; aunque tirios y troyanos, duchos o no, coinciden en que una extracción tan fácil necesariamente debe haberse realizado acudiendo al expediente de la traición con complicidad interna.

Contrariamente a quienes la conciben en tanto sucesión lineal de hechos, podríamos considerar la Historia semejante a una espiral de acontecimientos repetidos cada cierto tiempo (ciclo), dependiendo del país o territorio donde se desencadenen. Esta concepción, además de concordar con la conocida afirmación marxiana la historia se repite, primero como tragedia, luego como una farsa, asentada en El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte cuando el pensador germano precisaba la idea hegeliana sobre la repetición de la historia, bien pudiera calzar perfectamente a los hechos ocurridos en nuestro país antes, durante y posteriormente al 3E 2026. La captura y secuestro de NM, más allá de su espectacularidad Hollywoodense, típica de todas las agresiones a otros países, y de cualquier pretexto utilizado por el invasor yanqui, obligatoriamente debe ser considerada desde la óptica de la injerencia norteamericana asociada al petróleo (hilo conductor) y las transnacionales cuyo dominio sobre su explotación y comercialización data de mediados del siglo XIX. En Venezuela esta injerencia data desde los tiempos de Cipriano Castro. En el año 1902, bajo el pretexto de cobrar la deuda sostenida con dichos países, nuestra nación venía siendo objeto de un bloqueo por parte de las Armadas del Imperio Austrohúngaro (actual Alemania), Italia e Inglaterra. Viendo amenazados sus intereses en el hemisferio occidental los Estados Unidos de Norteamérica aplican la Doctrina Monroe y al intervenir en el conflicto logran disuadir a Italia e Inglaterra (ya tenía intereses en los hidrocarburos de nuestro país), convenciéndolos para ir a un arbitraje, mas no a Alemania, quien dada su vocación imperial deseaba poseer una colonia en el Caribe. El 9 de diciembre de 1902 Castro, presidente de marcados rasgos nacionalistas y por eso incomodo a los intereses transnacionales, lanza su histórica proclama desde el balcón presidencial: La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria… convirtiéndose en símbolo de resistencia contra la injerencia extranjera en Venezuela. Seis años más tarde, viajará a Alemania en busca de curación a su enfermedad; gracias a la instigación de Estados Unidos y de las corporaciones petroleras sería derrocado por su Compadre Juan Vicente Gómez, quien previamente había sido captado y “asesorado” por los intereses del Capital transnacional. Ciento veintitrés años después, Nicolás Maduro, quien, al contrario de Castro, de presidente nacionalista solo tiene la fachada (de allí la farsa), repetiría a sus seguidores la misma proclama y después de transcurrido menos de un mes también resultaría derrocado, esta vez secuestrado en condiciones ignominiosas por una fuerza extranjera.

Como suele ocurrir en los casos de traspaso de poder mediante expedientes abruptos o violentos, la oscuridad reinante (aliada de cualquier complot), no solo la real, da pie para la aparición en torno al caso de variadas especulaciones, realizadas por “expertos y legos” en materia de espionaje y operaciones militares con el único objetivo de confundir aún más a un público cuya opinión, a priori ya viene siendo confundida por parte de los laboratorios desde donde se genera la guerra cognitiva a la cual venimos siendo sometidos desde el arribo de Colon a nuestra tierras y donde pululan influencers y comunicadores de toda estofa, por lo general genuflexos y tarifados, otro ritual ya común en esta antropofagia geopolítica; dada la voracidad y la velocidad de acumulación asumidas por las elites capitalistas en la fase actual del Capitalismo, en los días actuales inaugura el advenimiento de un Mundo Multipolar cuya característica más relevante ya no es tanto la expoliación sino el exterminio. A propósito de este Capitalismo de Casino y del despojo sufrido por quienes resulten victimas de él (todo el planeta), resulta de sumo interés rescatar y entender su significado al ser utilizado por Karl Marx (1844) en una argumentación, por lo visto a favor de la economía de mercado, impuesta mediante procesos de expoliación semejantes a los ejecutados hoy día por el sistema capitalista en plena fase exponencial especulativa, apoyada sin duda alguna en las tecnologías de la información, la informática y la IA… transversales en su constitución, el despotismo y la expoliación, sinónimos de coerción, violencia, despojo, humillación; expoliación y explotación continuaran siendo sus momentos característicos[1]. En referencia al Gran Casino en el que la elite capitalista ha convertido nuestro planeta valga la pena acotar el éxito financiero de unos cuantos globalizados apostadores al acertar la fecha del secuestro de Nicolás Maduro.

Los hechos desencadenados últimamente en el país dan cabida a preguntar: ¿Cómo fue posible cambiar en cuestión de pocas horas, contadas a partir del comienzo de la operación de secuestro del Presidente de Venezuela y su consorte hasta su captura, no solo el imaginario colectivo, también el discurso político esgrimido por líderes de oposición y representantes del gobierno venezolano? También proporcionan evidentes muestras para permitirnos barruntar, plagado de traumatismos y rasguños, resquebrajado, el espíritu nacional, instituido durante un proceso político, vía de escape de la crisis de gobernabilidad padecida en sus finales por la democracia puntofijista, a partir de los graves acontecimientos ocurridos en el país el 27F y días posteriores de 1989 tras el paquetazo neoliberal aplicado por el gobierno de Carlos Andrés Pérez al pueblo venezolano, cuya desembocadura nueve años después confluiría en la instauración de la V República: un Frankenstein bicéfalo construido con el cadáver de la IV; una de sus cabezas posee un cerebro chavista-madurista, hoy intentando mutar hacia un release MAGADelcysta y la otra acuna el seso oposicionista donde siempre han cohabitado los intereses de la oposición “democrática”, los de la recalcitrante, subversiva y apátrida y los del parasitario sector económico representado por la nueva boli burguesía, FEDECAMARAS, y CONSECOMERCIO, enquistada la segunda en la estructura del gobierno venezolano desde los tiempos de Eleazar López Contreras.

En el último tramo de esa espiral, correspondiente al nacimiento y existencia de nuestro Frankenstein, puede distinguirse un proceso histórico susceptible de dividir en tres fases: de carácter revolucionario, febril y delirante, durante sus primeros 12 años, transcurso en el que para pesar de la oligarquía apátrida y de líderes de una oposición vendida y tarifada a intereses foráneos, la mayoría de los venezolanos se sintió verdaderamente libre y dueña del destino de nuestra nación; marcadamente restaurador, totalitario y represivo desde la muerte de Hugo Chávez  hasta el 3E 2026; a partir de ese epilogo madurista se inicia una fase neocolonial signada por el vasallaje y entreguismo de un gobierno sumiso a los mandatos y órdenes directas provenientes del Imperio del que tanto denostaron los pseudo revolucionarios dirigentes del gobierno de Nicolás Maduro; su final, desconocido, se torna incógnita: al acunar temores viejos y angustias nuevas sumerge al país en el desasosiego actual, incertidumbre causada por la sumisión, no sólo la opositora harto conocida por los venezolanos, también el gobierno venezolano y quienes lo representan hoy por hoy acusan los efectos entreguistas del neo yugo yanqui recién impuesto; groguis intentan maniobrar y capear el temporal para evitar su knock out y caída definitiva y así lograr arribar a la seguridad brindada por la esquina de la sobrevivencia política.  

Aun bajo la secuela del estruendo producido por el bombardeo de los aviones y drones del ejército de Estados Unidos, sin percibirlo una inmensa mayoría de venezolanos, en verdadero acto de prestidigitación nos birlan el proyecto de país soberano, incipiente realidad, establecida mediante la Constitución aprobada en referéndum nacional durante el transcurso de esa fugaz revolución, para retrotraernos a los prolegómenos de la Venezuela moderna, época gomecista signada por la oscuridad, principal elemento constituyente de la política de aquella dictadura, aunque hoy con el aditamento de estar sometidos por la bota de un Dictador extranjero, Donald Trump y su Cónsul Marcos Rubio, quienes operan y ordenan a control remoto nuestro destino neocolonial mediante mandatos y disposiciones impartidos directamente a los diputados de la vasalla Asamblea Nacional, a objeto de  elaborar y aprobar vía fast track leyes anti constitucionales, inspiradas en la remasterización de la Doctrina Monroe y en la ideología dictatorial de Peter Thiel y otros conspicuos miembros de la Ilustración Oscura[2], entre ellos Richard Grenell, enviado especial del Rubio para negociar acuerdos con Maduro; legislación atentatoria no solo contra nuestra extinta soberanía sino también contra nuestra dignidad de hombres y mujeres venezolanos, aunque tampoco debe obviarse la existencia de una minoría antipatriota (eso creemos): en agradecimiento a la “libertad” obtenida y subsecuentemente a la “prosperidad” en ciernes prometida por el déspota yanqui se atreven a pedir la incorporación de nuestro país a la Unión de Estados Confederados del Norte en condición de estado número 51.

Nuestro interés estriba en atravesarla y ver nítidamente más allá de la humareda comunicacional e informativa extendida alrededor del secuestro del Presidente de una República, cuyo régimen, a todas luces de indiscutibles rasgos totalitarios y represivos, además de la censura y la autocensura, exhibe su expresión más resaltante en el alto número de presos políticos (alrededor de 2000) y en aproximadamente ocho (8) millones de venezolanos migrantes. Sin reconocimiento de un gran número de las naciones agremiadas en la ONU, cuestionado nacional e internacionalmente, propició el aislamiento de nuestro país, sujeto de sanciones y de un bloqueo económico financiero[3], solicitado incluso por elementos de la misma oposición política venezolana, cuya combinación con el saqueo del erario público y de las divisas obtenidas por los ingresos por venta de petróleo de PDVSA, añadidas a la corrupción e ineficiencia administrativa (pública y privada), se tradujo en un coctel destructivo cuyas desastrosas consecuencias aún sufre la población venezolana: Escasez de alimentos, deterioro de la infraestructura y del parque industrial, servicios públicos de mala calidad, bajos salarios, desaparición de pensiones, hiperinflación y la consecuente pérdida de poder adquisitivo del venezolano de a pie entre otros males, aunque a pesar de ese aislamiento y de las sanciones impuestas por USA y la CEE desde el año 2015 logró subsistir hasta la madrugada del 3E 2026. Al no existir en el país ningún sector político ni militar o derivado del tan cacareado y manoseado “multilateralismo”, ni mesa de negociación alguna (México, Santo Domingo, Noruega), capaz de suplantarlo o derrocarlo, una fuerza extranjera imperial tuvo a bien realizar el trabajo; los venezolanos, inclusive los de la diáspora, por ineptitud o complicidad, fuimos incapaces de materializar su deposición, incapacidad traducida en el funesto resultado de ver ahora nuestro país, incluidas las instalaciones del Palacio de Miraflores y de la Asamblea Nacional, convertido en un gran teatrino o para mejor entendimiento en una casa en la que todos los venezolanos, comenzando por Delcy Rodríguez, Presidenta (E), somos títeres o marionetas, vasallos sujetos a los intereses y veleidades del titiritero del norte, el único que pudo liquidar el régimen totalitario de Nicolás Maduro, aunque igual a todos los presidentes y primeros ministros otro títere más de los verdaderos amos del mundo. Ese debería ser el primer reconocimiento, acto de contrición que todo venezolano hoy día debería realizar. Por añadidura, Venezuela, tras ser violada y desvirgada nuestra soberanía al ser bombardeado por vez primera el territorio nacional por un ejército invasor, también se caracteriza por la nula reacción de las fuerzas militares venezolanas, desnudando nuestra indefensión ante cualquier ataque o invasión proveniente de ese entorno cada vez más hostil. El otro efecto, no tangible, pero sí muy sensible es la evidente vaciedad del discurso sostenido por las brujas de la dirigencia del gobierno madurista con el objetivo de mantener agrupada a su militancia y así evitar una desbandada. Al vaciar de contenido el ideario de Bolívar, convirtiéndolo en apenas un grupo de consignas y lemas hueros repetidos hasta la saciedad por líderes, influencers y comunicadores sociales, amplificadores de los mensajes gubernamentales, denotan una vez su falsedad e hipocresía al dar una abrupta voltereta ideológica en cuestión de horas: de un acendrado odio y enfrentamiento con EEUU, a partir del 3E 2026 ese liderazgo, tras mudar su pelaje, con el pretexto del retroceso táctico a fin de mantener el poder, han devenido en mansos borregos mientras a la par mantiene “cordiales relaciones” con el gobierno gringo. Esta claudicación dirigencial revierte a Venezuela a su condición gomecista: ser un protectorado de EEUU, cuyo administradores, realmente no gobiernan, solo ejecutan ordenes emitidas a control remoto (vía telefónica) desde la Casa Blanca a fin de ser cumplidas por los vasallos ocupantes del Palacio de Miraflores, los cuales infructuosamente intentan dar muestras de independencia mediante la utilización de un discurso pseudo revolucionario vacío e inocuo, del cual varios de los representantes de ese vasallaje han debido tragarse consignas “anti imperialistas” proferidas previamente en sus discursos y apariciones públicas, ie. Ni una gota de petróleo para los gringos. Si se atreven a invadirnos esto se convertirá en un nuevo Vietnam. ¡Gringos váyanse al carajo!

El impacto y la onda expansiva generada por los acontecimientos ocurridos durante el asedio, al causar también serios destrozos en los valores, principios intangibles, basamento sobre el que se edifica toda nación, nos obliga a refugiarnos en la protección proporcionada por los desperdigados restos del acervo de nación independiente (eso nos hicieron creer desde aquellos días de párvulos) y del cadáver de nuestra soberanía, previamente violada y mutilada por los invasores, para ineludiblemente volver sobre los pasos del Genio de América en su ruta independentista y así permitirnos disponer de una vía de escape,  senda idónea para dejar de estar expuestos, única posibilidad de alejarnos del barullo; ya distantes del estropicio causado por las huestes invasoras, puestos a cubierto de otro bombardeo: el de las narrativas impuestas en medios de comunicación y redes sociales cartelizados, colonizados por los dos polos políticos en pugna, tener la posibilidad de entender a cabalidad las verdaderas causas y efectos de los oprobiosos hechos ocurridos a partir del 3E de 2026: por parte del opuesto al gobierno intentan entubarnos cognitivamente induciéndonos a creer que debemos estar agradecidos y ofrecer nuestras loas, reverencias y genuflexiones ya no al Tío Sam sino al tío neorreacionario Donald Trump, por habernos librado de un narco dictador y prometernos prosperidad y abundancia y a MCM por ser quien propiciara la referida invasión. En la trinchera de enfrente la mediática oficial y sus megáfonos se empeñan, basados en el no pronunciado pero perceptible lema de “aquí no ha pasado absolutamente nada”, en hacer creer a sus seguidores que pese al secuestro de NM, Delcy Rodríguez no es ninguna Presidenta (E) tutelada, y, no obstante su evidente obediencia y sumisión a las órdenes y mandatos emitidos desde el norte, aún mantiene el control del gobierno, la soberanía y la paz de la neo colonia[4] Venezuela.

En su Discurso pronunciado ante el Congreso de Angostura (15/02/1819) nuestro Padre Libertador, basado en la teoría de los grandes espacios, profetizaba una nación grandiosa, soberana e independiente, no tanto por su extensión territorial y profusión de sus recursos naturales sino por el temple, gallardía, inteligencia, solidaridad, don de gentes de sus pobladores y por la sabia conducción de sus líderes políticos,  bajo cuyo mando la conducirían a alcanzar las más altas cumbres de libertad, justicia y gloria y desde allí iluminar con su brillantez el concierto de las naciones del Orbe. Para asegurar esta grandeza y lustre aquel Bolívar visionario nos legó la Ley de Minas de 1829[5], la cual reserva a la nación venezolana, la explotación y usufructo de los recursos del suelo y del subsuelo, ley hecha doctrina constitucional con un retraso de 170 años en 1999.

Contraria y lastimosamente la miopía geopolítica, sobreimpuesta al egoísmo mediocre de ese pusilánime liderazgo político militar posterior a su fallecimiento (incluyendo el presente), encarnado en uniformados mofletudos, atiborrado sus pechos de condecoraciones obtenidas por su participación en batallas imaginarias y en politiqueros rastacueros, interesados todos solamente en usufructuar, saquear la Res publica con el malsano objetivo de obtener prebendas, beneficios personales para sus padrinos, representantes e íntimos allegados, quienes, durante el tiempo transcurrido desde la desaparición de Bolívar hasta el presente, y hoy a través del desmontaje y vaciamiento de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en “perfecta fusión cívico-militar-policial” han logrado convertir las paradas militares y conmemoraciones patrias en  meros actos circenses para beneplácito de sus amos-verdugos imperiales.

En aquel ayer sumados a las intrigas y maniobras palaciegas conducidas por la naciente potencia imperial del Norte con el único fin de boicotear y destruir el proyecto de Bolívar: la fundación de una Gran Nación Continental (contrapeso de la norteña) y creación de la Confederación de las naciones hispanoamericanas situadas al sur del Rio Grande; recién liberadas del yugo español, servirían de crisol en el que atizadas por el manto doctrinario de James Monroe (1823), se fundirían la desunión y desestabilización de los territorios correspondientes a las débiles y recién creadas republicas suramericanas, cruel destino al que aún la Historia las encuentra sometidas, terreno abonado por aquellos traidores para que los entreguistas de hoy, convertidos en el hazmerreír de Donald Trump y sus vaqueros, continúen impidiendo hasta el presente actual el cumplimiento de la profecía bolivariana y la conformación de un bloque regional suramericano, cuya existencia influya de manera contundente en la geopolítica mundial actual.

Aun frescas en el imaginario popular las exequias del Libertador, esa inestabilidad se materializa en la mayoría de las naciones hispanoamericanas al iniciarse un cruento ínterin de guerras civiles intestinas y asonadas militares, montoneras propiciadas sibilinamente por EEUU, cuyo fin vería luz en casi todas las repúblicas sureñas en un interregno comprendido entre finales del siglo XIX e inicios del XX. En nuestro país sería Juan Vicente Gómez quien, fungiendo de pacificador de Venezuela, alineado con las directrices de sus amos estadounidenses la conduciría hacia su ingreso en la era Moderna, plasmando su impronta y sello personal en una nación llena de taras, contradicciones y aberraciones socioculturales cuyas maculas y efectos contraproducentes aun padecemos los venezolanos en esta convulsa centuria. Ya lo había advertido el Libertador Simón Bolívar en su carta al coronel Patricio Campbell el 5 de agosto de 1829, al expresar su preocupación por la nefasta influencia de Estados Unidos en América Latina... Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad. Junto a la sustitución del carbón por el petróleo en tanto elemento energético para el desarrollo industrial y el transporte terrestre y marítimo, y la apropiación de áreas susceptibles de albergar yacimientos petrolíferos, el hilo conductor de ese largo y turbulento período lo constituirá la traición (incluso en la presente actualidad continúa siéndolo), resultando significativa para los efectos de nuestro análisis la felonía epilogo del caudillismo ecuestre venezolano del siglo XIX, cuando por causa de su enfermedad, tras marchar a Europa el General Cipriano Castro, líder de la Revolución Liberal Restauradora y Jefe de Estado, resulta víctima del Golpe de Estado propiciado en diciembre de 1908 por su Compadre, Juan Vicente Gómez.  

Señalizado también por el  entreguismo de líderes políticos posteriores, aquella traición, a la postre delineará el pesaroso andar de nuestra patria por la senda de la modernidad y gracias a la voluntad del Dictador de aquella época estigmatizará su destino: convertirse  en enclave (Capitalismo en la periferia) de la Potencia Imperial del Norte, ser un país con amplios sectores de su población altamente consumistas, dependiente de los ingresos obtenidos por merced de la renta petrolera, poseer una clase empresarial parasitaria de tales ingresos y cumplir a cabalidad el papel de Gran Bomba de Gasolina de USA o según el eufemismo de ciertos expertos y legos en la materia, constituirse en “proveedor seguro y confiable” de petróleo. Claro ejemplo de lo anterior lo constituye el caso de la compañía Petrolia. La Compañía Nacional Minera Petrolia del Táchira, fundada el 12 de Octubre de 1878, por Manuel Antonio Pulido Pulido, José Antonio Baldó Pulido, Ramón María Maldonado, José Gregorio Villafañe (hijo), Pedro Rafael Rincones y Carlos González Bona. Conocida también por la denominación de Compañía petrolera del Táchira o simplemente Petrolera, fue la primera empresa explotadora de petróleo en Venezuela, comenzando operaciones a partir de 1914 en la Hacienda La Alquitrana, Estado Táchira, bajo la concesión del gobierno central para explotar el petróleo descubierto en su hacienda La Alquitrana, a través del pozo Eureka, quienes a fin de familiarizarse con el negocio acordaron enviar a Rincones (había cursado estudios comerciales y financieros en Hamburgo) a especializarse en Estados Unidos[6]. La producción de la misma aunque escasa fue el primer paso para el surgimiento de la industria petrolera venezolana. La empresa se encargaba de dotar de kerosén a las ciudades vecinas por lo cual se encargaba de extraer y procesar el petróleo crudo. Llegó a tener 14 pozos productores y una refinería para 13 barriles diarios. Juan Vicente Gómez, en lugar de apoyar e impulsar la producción de esta empresa venezolana (quizás bajo el influjo hipnótico de los billetes verdes proporcionado por las comisiones recibidas), sumisamente optó por conceder la explotación del petróleo venezolano a las transnacionales petroleras, cuyo dominio sobre este rubro, con uno que otro intento de explotación de carácter nacionalista, se extiende hasta nuestros días.  El 8 de abril de 1934  vencería su concesión otorgada por 50 años, no siendo renovada. No obstante su posterior política petrolera nacionalista, condensada en la Ley de Hidrocarburos de 1943, sería el ministro de Fomento de Eleazar López Contreras (otro entreguista más), Manuel Egaña, el firmante del acta de defunción de la Petrolia, al comunicar vía telegrama de 28 de diciembre de 1938 que no había posibilidad de renovar la concesión, por lo que la compañía fue cesando en sus labores, acto que terminó de completarse en 1945.

A estas alturas de la hecatombe causada por el festín petrolero es obligatorio denunciar la patraña elaborada por historiadores, economistas y “expertos petroleros”, lameculos genuflexos tarifados por las transnacionales, segurísimos de nuestra condición de pendejos con ella han entubado a varias generaciones de venezolanos, y señalar los verdaderos argumentos causantes de esa decisión espuria y así desmontar el mito referido al carácter artesanal de la Petrolia.  En el Acuerdo de Achnacarry (1928) las corporaciones petroleras acordaron fijar políticas comunes y repartirse de manera oligopólica los mercados mundiales de combustible. Independientemente del lugar de producción, el Golfo de México fue escogido para fijar los precios. Asimismo, plasmaron el principio basal de la no renovación de la concesión a la Petrolia del Táchira: la exclusión del oligopolio de otras posibles compañías competidoras lo que lograrían obteniendo grandes zonas petrolíferas en concesión aun cuando sólo una pequeña parte fuera puesta a producir[7]. No obstante su condición de compañía con capacidad para manejar tecnología de punta en las diversas áreas del negocio petrolero: suministros, distribución, exploración y refinación, la decisión de no renovar la concesión ya había sido tomada antes de 1934, cuestión deducible de los esfuerzos realizados por los representantes de la empresa venezolana a fin de que le fuera otorgada[8].

Visto desde la perspectiva actual, lo ocurrido con la Petrolia del Táchira, tal si fuera una maldición aún incide en la condición actual de Venezuela, país petrolero con un liderazgo político sumiso, subyugado en una primera fase a los designios y deseos de las transnacionales petroleras y a partir de los acontecimientos acaecidos el 3E de 2026 directamente a los del Gobierno de EEUU presidido por Donald Trump.  Desde las postrimerías del siglo XIX y primeras décadas del XX nuestro destino en tanto nación, siempre supeditada a arbitrios foráneos, ha estado bajo el control y supervisión de la Potencia Imperial del Norte; la historia nos muestra que cualquier indicio de nacionalismo en la gerencia y conducción de esta industria siempre ha sido eliminado o extirpado, por lo general con malas artes o haciendo uso de la fuerza, cualquier fuerza, sea esta la de los billetes verdes o la de las armas. Posteriormente a la Dictadura Gómecista, caracterizada por el oscurantismo, sobretodo en el manejo de las concesiones a las transnacionales petroleras de la época, al cambio estructural de Venezuela en las esferas política, social y laboral, iniciado durante el gobierno de Medina Angarita, debe añadírsele la transformación del ámbito legislativo, realizada a través de 3 reformas: La Fiscal con la creación de la Ley de Impuesto sobre la Renta (1942); su objetivo fue establecer tributaciones progresivas a fin de proteger los sectores menos adinerados, reduciendo los impuestos indirectos que hasta entonces recaían sin diferenciar en personas con ganancias muy pequeñas o abultadas, especialmente los de la gasolina y de la sal. ​No fue posible conocer los resultados de la Reforma Agraria debido a su puesta en vigencia el 20 de septiembre de 1945, quedando en suspenso al producirse el golpe de Estado del 18 de octubre del mismo año; orientada a inducir cambios sociales promovía la redistribución de la tierra para incorporarla al proceso productivo del país. ​

La Reforma Petrolera (Ley de Hidrocarburos de 1943) extendía por 40 años más las concesiones a las empresas extranjeras con la condición de instalar refinerías petroleras en el territorio venezolano. Medina, consciente de la carencia de personal venezolano capacitado para tomar el control de la industria petrolera en aquella época, estimaba que para el año 1983 ya existiría una generación suficientemente preparada. Además de asignar al petróleo su carácter de materia de interés nacional, la ley pretendía la construcción de refinerías en el territorio venezolano por parte delas empresas concesionarias. Entre los elementos esenciales de esta ley destacan: Unificación de la legislación aplicable a las concesiones, mediante la adaptación y conversión de contratos otorgados bajo leyes anteriores. El aumento de la participación del Estado venezolano al 50% de dichos beneficios, estableció además la obligación para los concesionarios de pagar, no sólo los impuestos consagrados en dicha ley, sino todos los impuestos generales que se establecieren. La ley fijaba las regalías en 16.5%, por lo que las compañías petroleras quedaron sujetas desde ese momento al pago del impuesto sobre la renta del 30%. La transformación del transporte por oleoductos en un servicio público; la obligación por parte de las empresas de llevar su contabilidad en Venezuela y de suministrar al Estado los informes técnicos relativos a las regiones estudiadas; suspensión de las exoneraciones aduaneras como un derecho adquirido. Fijación de un plazo, hasta terminar la Segunda Guerra Mundial, para refinar en territorio venezolano el petróleo producido en el país, vieja preocupación del presidente Medina a la cual opusieron resistencia las petroleras hasta el último momento.

Si bien no intervino militarmente, al Presidente Medina Angarita, se le reconocen sus méritos por haber mantenido el suministro petrolero a favor de la causa aliada durante todo el conflicto bélico. Declaró la guerra al Eje el 15 de febrero de 1945, requisito (chantaje diríamos nosotros) para participar en la conferencia fundacional de la Organización de las Naciones Unidas en sustitución de la Sociedad de las Naciones organización que había fallado en su propósito de evitar otro conflicto internacional (una situación semejante ocurre hoy día con la ONU y su incapacidad para solucionar conflictos y la Junta de Paz promocionada por Trump). A pesar de la amplia libertad de expresión existente durante su mandato, situación aprovechada por los dirigentes adecos, fue víctima de una intensa campaña de descredito a fin de calumniar al propio presidente y su gestión, tildándolo entre otras cosas de fascista (argumento archiutilizado hoy día para desacreditar a cualquier mandatario presidencial). Esta campaña sirvió de alfombra para el golpe de estado, incubado desde los pasillos de la Casa Blanca, propiciado por una alianza entre oficiales medios del ejército y miembros del partido Acción Democrática.  La injerencia de EEUU en el golpe de estado de 1943 en Venezuela, sutil pero significativa, se tradujo en apoyar indirectamente a los conspiradores cívico-militares (liderados por Rómulo Betancourt y Marcos Pérez Jiménez) para instaurar el Trienio Adeco, una farsa donde USA consolido su influencia a través de la instalación de una misión militar y la promoción de políticas favorables a sus intereses económicos. La profusa literatura respecto al origen transnacional del golpe de Estado al cual fue sometido su gobierno permite concluir que si bien no hubo una implicación militar directa estadounidense, sí hubo una contexto de influencia política y apoyo indirecto a fuerzas que buscaban un cambio, alineado con intereses geopolíticos y petroleros, en un momento donde el presidente derrocado, era visto con recelo por Washington debido a sus políticas nacionalistas y la presión ejercida por el partido Acción Democrática y militares jóvenes. Años más tarde (1949) el expresidente derrocado vengaría la afrenta política liándose a golpes con Rómulo Betancourt en una fría mañana neoyorkina[9] Los EEUU tenían fuertes intereses en el petróleo venezolano (hoy día más que nunca lo mantienen) y aunque Medina Angarita no nacionalizó las empresas encargadas de su extracción y comercialización, su gobierno no era visto con buenos ojos y sí como amenaza a la influencia estadounidense.              

A falta de apenas siete (7) años para vencerse las concesiones aprobadas por Medina Angarita y de esta manera todos los activos y la producción de la industria petrolera pasarían a ser propiedad de Venezuela sin compensación alguna, sorpresivamente Carlos Andrés Pérez, en su primer mandato presidencial, aprueba el 1 de enero de 1976, luego de ejecutada, la Ley que Reserva al Estado la Industria de los Hidrocarburos (Ley de Reversión Petrolera), un verdadero retroceso respecto de la ley de hidrocarburos de 1943 y a decir de Juan Pablo Pérez Alfonzo una nacionalización chucuta. Según expertos y especialistas en la materia, ésta constituiría un proyecto de nacionalización llave en mano o pret a porter (a la medida de las transnacionales petroleras), incluyendo la indemnización (muy por encima de sus costos reales generó pérdidas para el erario nacional) por el traspaso de uno activos que para la época ya comenzaban a dar evidentes señales de obsolescencia. Aunque para otros, entre ellos Miguel Rodríguez (a) Paquetico, la propiedad del petróleo en manos de la nación constituiría un disparate: según el genio del paquete económico neoliberal aplicado durante el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez, cuya expresión más llamativa se tradujo en el Sacudón o Caracazo de 1989 (las estimaciones de fallecidos durante las protestas ocurridas continúan siendo otra incógnita, según algunas opiniones podría estar alrededor de 3000 muertes), la Standard Oil (Exxon) estadounidense, la Shell Anglo-Neerlandesa, y otras compañías extranjeras, vinieron a un país miserable, palúdico y analfabeta, (a hacernos un grandísimo favor al sacarnos de nuestro “atraso”, podría colegirse de sus palabras) bajo un régimen de concesiones que les permitió el desarrollo de la producción petrolera en nuestra nación[10]. El pesar que destilan las vehementes palabras de MR, podría hacer creer en su descendencia en línea directa del Dictador de la Mulera: Jamás recibieron la propiedad sobre el petróleo del subsuelo, sino sobre el crudo producido en la boca del pozo, teniendo que pagar una importante y creciente (subrayado nuestro) regalía, así como los correspondientes impuestos sobre la renta de acuerdo a sus ganancias. Omite este economista adeco, no sabemos si deliberadamente, que antes de Medina Angarita, las Tres Hermanas, con la venia de Juan Vicente Gómez, hacían los que les venía en ganas con el petróleo venezolano y apenas dejaban en las arcas de nuestra “palúdica” nación un (1) miserable dólar por cada barril extraído de acuerdo con la oscura contabilidad pactada con el dictador. Igualmente silencia la sobreexplotación y el daño causado a los pozos petroleros por esa misma causa ante la inminencia de la expiración de las concesiones en el año 1983.  Ulteriormente, aunque con serias críticas al respecto, dado que la ley aprobada en 2006 también significó un retroceso respecto a la aprobada en 1943, sería Hugo Chávez, tras su ascenso a la Presidencia de la Republica quien daría algunos pasos a fin de resarcir los daños causados a la nación por esa nacionalización chucuta, en la que a pesar de traspasar las operaciones petroleras (exploración, perforación, explotación y comercialización) a manos venezolanas, el control y gestión de las mismas continuarían estando sometidos al arbitrio de las corporaciones petroleras y del gobierno estadounidense bajo la fachada de asesorías técnicas y de una empresa privada (INTESA) registrada con un capital de apenas dos mil dólares (2000,00 $), siendo continuada por la Apertura Petrolera, una obscena desnacionalización encubierta ejecutada mediante la adquisición de refinerías obsoletas en Europa y Estados Unidos, con marcado sobreprecio, bajo el pretexto de asegurar mercados para el petróleo venezolano, adelantada por los genios de la “meritocracia” liderada por Andrés Sosa Pietri, Luis Giusti, y Gustavo Roosen, el pionero del desguace y remate a precios de gallina flaca de PDVSA, entre otros, cuyo colofón debería ver la luz mediante el proyecto de privatización de nuestra industria petrolera introducido por la alta gerencia de PDVSA para su aprobación en el extinto Congreso de la República, previamente a la llegada de Chávez al poder.  

Si en la ocurrencia del golpe de estado al Gobierno de Medina Angarita no hubo evidencias del involucramiento directo de los Estados Unidos de Norteamérica, por el contrario, de los posteriores existen marcados indicios e información desclasificada por la Agencia Central de inteligencia de Estados Unidos (CIA) que permiten confirmar la injerencia norteamericana en Venezuela[11]. Recientemente, el asestado a Hugo Chávez en 2002, además de haber sido de evidente índole petrolera, presentó claras señales de haber sido gestado en los conciliábulos realizados en las instalaciones de la embajada de EEUU en Caracas. Semejantemente el secuestro de Nicolás Maduro, además de desprender un tufo altamente oleaginoso, inaugura el mundo multipolar en el que ningún presidente está a salvo de ser secuestrado por la Delta Force si las políticas y la administración de recursos naturales del país en cuestión no resulta del agrado del Dictador de turno en la Casa Blanca, dada la escasez de las fuentes de dicho recurso natural en el territorio ocupado geográficamente por la Potencia Imperial del norte, del cual (para ¿buena o mala suerte?)  Venezuela posee las mayores reservas certificadas a nivel mundial en una época en la que las potencias emergentes en el nuevo mundo multipolar requieren urgentemente asegurar de cualquier manera recursos naturales (minerales, petróleo y biodiversidad) necesarios para mantener su poder hegemónico.

A Trump y a ninguno de sus halcones le importa realmente si en Venezuela existe o no un sistema democrático, o si la corrupción, la ineptitud, la desidia y la ineficiencia campean en la administración y gerencia de PDVSA, su único interés, dada su condición de patio trasero de USA, estriba en asegurar los recursos que nuestro país posee y en la rentabilidad producida por su extracción. Bien conocidas son las expresiones suyas y de Marcos Rubio mediante las cuales han afirmado que hasta el momento de su secuestro era imposible entenderse con Maduro, razón ésta que lo convertiría en un estorbo para sus planes referidos a apoderarse de no solo del petróleo venezolano. A Nadie debería extrañarle que ese altísimo nivel de corrupción y de desidia en nuestra industria petrolera obedezca a un plan termita preconcebido en algún Think Tank afecto a Washington, si no entonces solo nos queda preguntar cómo deberían catalogarse las palabras de María Elvira Salazar, uno de los congresistas de origen cubano americanos conocidos por la denominación de los Crazy Cubans cuando exclamó: las compañías petroleras van a darse un festín invirtiendo en Venezuela. Festín organizado gracias al desmantelamiento de PDVSA al que, por supuesto no están invitados los venezolanos de a pie, dados los requerimientos para recuperar y reparar alrededor de diecisiete mil pozos y así elevar la producción petrolera a los niveles de 2005 las proyecciones arrojan una inversión estimada de cien mil millones de dólares, cantidad semejante a la utilizada en el plan Marshall para recuperar a la Europa devastada tras la II guerra Mundial.

A todas luces la Venezuela actual, a pesar de sus enormes recursos naturales, es una nación empobrecida gobernada por una casta política antipatriótica entreguista, complaciente de todos los deseos de la élite pedófila de la cual Trump sólo es muñeco de ventrílocuo con el cual llegaron a un acuerdo tras bastidores para salir de Nicolás Maduro y “mejorar las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos”, léase terminar de entregar nuestro territorio y todo lo que en él se encuentre, sea encima o debajo de su suelo. Independientemente de mantenerse “negociando” con sus amos bajo el método del garrote y la zanahoria con la promesa de una transición hacia una democracia, es importante resaltar y alertar que ahora más que nunca la republica venezolana corre un alto riesgo de perderse en manos de esta cleptocracia si por capricho del Emperador Donald John nuestro territorio resulta desmembrado. El bombardeo sufrido el 3E de 2026, junto con la traición a NM así lo evidencian; independiente de su tendencia política cada venezolano, fuera o dentro de nuestro país, víctima de dicha invasión, ante la posible inminencia de ese acechante peligro debería validar las palabras de Cicerón y hacer suya la realidad en ellas retratada: Una nación puede sobrevivir a sus necios, e incluso a los ambiciosos. Pero no puede sobrevivir a la traición interna. Un enemigo a las puertas es menos formidable, pues es conocido y porta su estandarte abiertamente. Pero el traidor se mueve libremente entre los que están dentro de las puertas, sus astutos susurros recorren todos los callejones, se escuchan en los mismísimos pasillos del gobierno[12]

Indignos herederos del legado de Bolívar, incapaces de lograr la tan ansiada unión por él proclamada, hemos permitido la profanación de sus restos y la prostitución, banalización de sus ideas al apuntalar la entronización de gobiernos nefastos y entreguistas de cualquier índole ideológica. Aún estamos a tiempo de redimirnos si impedimos la desaparición de la república y detenemos la liquidación de PDVSA mediante la reforma entreguista de la Ley de Hidrocarburos de 2006 aprobada recientemente por la Asamblea Nacional. Sobre nuestro país se ciernen tiempos en los que la patria demanda la dedicación de nuestros mejores esfuerzos y aportes al restablecimiento de la CRBV y al cumplimiento de la profecía Bolivariana legada en el discurso de Angostura. 

 

[1] DIAZ M. María A. (2021). Coartadas Imperiales, coedición Fondo Editorial Ambrosía, El Perro y la Rana, Caracas-Venezuela

[2] GRAND CONTINENT, (2025). Apocalipsis Zombi: La lección de Tinieblas de Peter Thiel, 19 de Mayo de 2025 – Trump: Fuentes intelectuales de una revolución cultural, disponible en https://legrandcontinent.eu/es/ 

[3] DIAZ M. María A. (2021). Coartadas Imperiales, coedición Fondo Editorial Ambrosía, El Perro y la Rana, Caracas-Venezuela, Pág. 167

[4] El mundo pacificado y reaccionario del Patchwork está compuesto exclusivamente por soberanos absolutos racionales: Estados gestionados de manera competente y coherente con un objetivo puramente financiero. Este mundo puede existir en una parte del planeta, pero entonces debe prever su defensa frente al resto del mundo. En el sistema Patchwork, la paz, la seguridad y el orden son estrictamente idénticos. Un territorio está diseñado para mantener un nivel absoluto o casi absoluto de seguridad y orden. La sociedad ya no conoce las lacras de la era democrática: no hay barrios marginales, ni calles sucias, ni pandillas, ni política. […] Un soberano racional absoluto está centralizado, administrado con competencia y guiado únicamente por la rentabilidad. Coopera si la cooperación es rentable, y se vuelve depredador si la depredación lo es aún más (el objetivo es, por supuesto, hacer que la cooperación sea cada vez más rentable).  GRAND CONTINENT. Recolonización: El Método de Curtis Yarvin para Ocupar y Gobernar un Estado Extranjero, 7 de enero de 2026 – Trump: Fuentes intelectuales de una Revolución Cultural, disponible en https://legrandcontinent.eu/es/

[5] Puntos clave del decreto de 1829:

  • Propiedad Nacional: Se reafirmó que las minas son propiedad de la República, adelantándose a teorías de nacionalización.
  • Concesiones: El Estado otorga el derecho de explotación a particulares que las soliciten y cumplan las leyes.
  • Legislación Aplicable: Se adoptó provisionalmente la Ordenanza de Minería de Nueva España de 1783, exceptuando las normas sobre el tribunal de minería y las contrarias al decreto.
  • Protección: El objetivo era evitar la pérdida o el ataque a la propiedad de las minas, considerándolas una fuente clave de riqueza pública.
  • Prohibición de división: Se prohibió la división material de las minas entre dueños o terceros.

Este decreto es considerado el antecedente histórico fundamental del control soberano sobre los recursos minerales en Venezuela. 

[6] De este modo los años que van desde 1875, cuando se descubre petróleo oficialmente en la Alquitrana, hasta 1878, corresponden a una etapa de organización, estudio y preparación del proyecto que luego desembocaría en la fundación de la compañía.  Es decir que no se trató de una empresa producto de la improvisación, sino que comenzó en condiciones semejantes a cualquier otra sociedad del sector petrolero en los estados Unidos para la época.  TRAVIESO Fernando, Coordinador, LA PETROLIA DEL TACHIRA Y EL ACUERDO DE ACHNACARRY - Observatorio Socialista Petrolero, Warisata 4, Ediciones de la Universidad Bolivariana de Venezuela

[7] Ibid

[8]  Otra razón consistía en que los representantes de las transnacionales intuían que la dictadura de Gómez no sería una condición eterna y pensaban que de mantenerse operativa la compañía venezolana se corría el riesgo de que asumiera el poder un presidente nacionalista que podría otorgarle mayores privilegios a la Petrolia, lo que sin duda afectaría significativamente sus intereses. Ibid

[9] GRATEROL GUZMAN, Rolando. (2024). Petróleo y Poder. La injerencia extranjera en Venezuela, VII Bienal de Literatura, Argimiro Gabaldon. Ensayo, Monte Ávila Editores Latinoamericana

[10] RODRÍGUEZ, Miguel. Disponible en https://digaloahidigital.com/artículo/la-historia-petrolera-venezuela-muy-simple

[11] GRATEROL GUZMAN, Rolando.  Op Cit.

[12] Marco Tulio Cicerón Dirigiéndose al Senado romano, según lo registrado por Salustio en La guerra de Catilina (c. 40 a. C.). Esta cita es una de las favoritas de los oficiales de contrainteligencia de la CIA.