Los Límites del control de la constitucionalidad

 

No podría existir mejor presentación posible para un libro sino la realizada por lo contenido en sí mismo. Tanto su factura editorial, condición de objeto de contemplación visual, añadida la calidad, profundidad, fuerza de las ideas vertidas en sus páginas y la tesitura del ejercicio escritural realizado a fin de verterlas fungirían de presentadores ideales. Este es el criterio común de los integrantes del Fondo Editorial Ambrosía en referencia a los libros editados bajo su sello. En esta oportunidad, la excepción de toda regla adquiere relevancia debido a circunstancias consideradas de particular importancia por quienes asumen la responsabilidad de representarlo editorialmente. Desde nuestro común criterio, toparnos con las ideas contenidas en Los límites del Control de la Constitucionalidad, nos conduce a manifestar sin temor alguno de convertirnos en víctimas de un estruendoso equivoco: no se trata de otro libro más en el universo, sumamente extenso por cierto, de los libros publicados en el mundo, estamos ante un libro especial, no tanto por el renombre o pergaminos intelectuales presentados en su autoría, así podría pensar más de un posible lector: contrariamente, quien lo escribe también rompe el celofán de otro universo: el de los autores. Dadas las circunstancias políticas y actuales, particularísimas a más no poder, dada su gravedad, vividas por nuestra patria, léase todos los venezolanos, sin distinción alguna de preferencias o filiaciones políticas, el libro y el tema tratado por su autora se atavían de la importancia adquirida por toda excepción.

En los momentos de pergeñar estás líneas, Venezuela se encuentra bajo la amenaza de la potencia imperial de turno, la más cruel, violenta y genocida en el devenir de la Humanidad, de ser sometida a un bloqueo naval: clímax, punto de quiebre, de no retorno, del estrangulamiento, financiero y comercial al cual viene siendo sometida desde hace mínimo tres años, sin contar los intentos de golpes de Estado y el continuo, sostenido proceso de desestabilización ejecutado por elementos de ultraderecha de la oposición venezolana, dirigidos y monitoreados por sus amos imperiales de Norteamérica, iniciado en las postrimerías del siglo XX, tras el ascenso a la máxima jefatura gubernamental del Comandante de Conciencias, Hugo Chávez Frías (RIP, 1954-2012). Cualquiera, desconocedor de estos hechos y de la situación implicada, podría preguntarse por la relación existente entre un libro cuyas ideas versan sobre Derecho Constitucional y un bloqueo económico, hacerlo estaría acompañado de toda la razonabilidad de cuestionar e interrogar. Si pudiéramos contestarle, nuestra respuesta estaría amalgamada de palabras cuyo tenor indudablemente sería semejante al de estas: Venezuela está bajo amenaza de bloqueo naval por parte de la potencia criminal precisamente, por haberse dado, en prístino y pleno ejercicio de Soberanía y voluntad popular un Sistema Político cuyos objetivos últimos se inscriben lo más fielmente posible en el, incumplido aún, anhelo de nuestro Padre Libertador: El mejor sistema de gobierno es aquel que proporciona la máxima suma de felicidad al pueblo.

Sistema de gobierno y expresión de la voluntad de un pueblo de profunda y añeja vocación libertaria, si algo nos caracteriza es la especial condición de ser el único pueblo salido de sus fronteras con el noble objetivo de liberar a otros. Definido en lo extenso del texto constitucional, escogido y aprobado libérrimamente por una amplia mayoría de venezolanos en el referéndum consultivo convocado por el Comandante Hugo Chávez Frías en 1999, acusado de ser una dictadura, el gobierno y todos los poderes constituidos de acuerdo a esta magna carta se rigen bajo los cánones y leyes del Sistema de Derecho y de Justicia definido en cada uno de los artículos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. A contracorriente del resto de democracias representativas liberales imperantes hoy en todo el mundo, nuestra Constitución establece una democracia participativa y protagónica, de allí lo novedoso de las instituciones y leyes creadas para hacerla realidad. Estos nuevos organismos deben ser reglamentados y controlados con estricto apego a la letra y espíritu de nuestra Carta Magna. De allí la importancia adquirida por el poder judicial, uno de los cinco constituidos en nuestro sistema, dentro de él el máximo tribunal de la República y su Sala Constitucional ejercen el control y vigilancia del cumplimiento de la Constitución. Los límites del Control de la Constitucionalidad adquiere especialísima importancia, motivo de nuestro comentario introductorio, por constituir el primer aporte realizado por especialista venezolano alguno en materia de control constitucional, considerando la arquitectura y alcances de este nuevo sistema político impuesto en nuestro país, aún en fase de implantación, no obstante bajo constante amenaza de ser derogado o eliminado por sus enemigos por atentar contra los intereses de las clases dominantes, dado su evidente carácter social orientado a favorecer a los débiles y desprotegidos jurídicos de siempre: los pobres de Venezuela y de todo el mundo.